|
EL PSOE GANA, EL
PP PIERDE
Decía Felipe
González, en un chiste de finales de los ´80 publicado por ABC: “no
importa que no nos voten los socialistas mientras nos voten los de
siempre”. En el dibujo al que acompañaba, el expresidente encendía
un puro con un billete de cinco mil pesetas.
Pues eso: qué más da que el
socialismo abandone sus señas de identidad nacionales si la anti-España
se vuelca en sostener a ZP y a su partido.
El PSOE ha ganado las
elecciones y el PP las ha perdido; esto, por si a alguien se le ha
olvidado. Los resultados son elocuentes. El PP aumenta el voto, en
términos absolutos y relativos. Pero la distancia con el PSOE es la
misma. Dieciséis escaños. Dieciséis.
El voto que ha hecho
posible el triunfo del PSOE, el que le ha permitido superar el apoyo
masivo al PP en muchas comunidades es el de ERC, el de IU y el del
PNV y EA. Lo que no presagia, precisamente, nada bueno. Muchos
electores que se decantaron por el PSOE en 2004 han cambiado el
sentido de su voto. Pero les siguen votando los zetaperos, quienes
secundan alborozados la inconsciencia –o algo peor- del presidente.
El PSOE vence gracias al
voto subvencionado, al voto menos ilustrado y al voto fanatizado.
Andalucía y Extremadura, el campo del sur. Las generaciones educadas
al calor de la LOGSE. Y, sobre todo, gracias al voto de los
separatistas que saben bien a quién prefieren, puestos a optar entre
Rajoy y ZP (y quizá engañándose al respecto, pero esa es otra
historia). Más una nada desdeñable cantidad de feministas,
abortistas y radicales de extrema izquierda.
Pero no lo va a tener fácil
el gobierno. Seguramente va a jugar a intentar que le secunden unos
u otros en función de los temas que saquen a colación durante estos
próximos infaustos cuatro años que nos aguardan. Para el reto
económico –infernal panorama el que se dibuja en esta materia-
aunque no tiene fácil el apoyo, tratarán de echar mano de CiU, lo
que nos aseguraría que los bobos de nómina pagaremos el pato…de
nuevo, claro. Para los asuntos macabros tipo eutanasia y ley de
plazos del aborto, se recostarán hacia su izquierda, sobre la
constelación BNG, IU, ERC, etc…y seguramente UPD.
El PP se ha equivocado.
Otra vez. Se empeñó en presentar la convocatoria como un plebiscito
entre ZP y Rajoy; no es que aceptara el envite del PSOE en este
terreno, sino que potenció esta manera de enfocar las elecciones. Y
así, en las Comunidades en las que gobierna el PP, las televisiones
han ninguneado a IU y a Rosa Díez, cuando el sentido común indicaba
que debía haberse hecho todo lo contrario.
Además, el panorama de
futuro que puede preverse no pinta oros para el PP. Los derechistas
han fundado sus resultados en una masiva participación en ciertas
regiones, en las que resulta muy difícil creer que puedan
mejorarlos, incluso teniendo enfrente a una nulidad como ZP.
Mientras, en Andalucía, Vascongadas y Cataluña, no despegan ni por
asomo.
Por lo demás, se desmiente
de nuevo la especie de que la tibieza favorece la acogida del
electorado al PP. Pues han sido, precisamente, en los lugares en los
que el mensaje del PP es más claro, aquellos en los que ha obtenido
mejores resultados. Ni Feijoo ni Arenas, ni en Cataluña ni en
Extremadura ni en Baleares; Madrid, Valencia, Murcia, las dos
Castillas. Donde más se despega del pseudoprogresismo gallardonista,
el PP obtiene más apoyos.
Muchos millones de
españoles se han echado a la calle en estos años. Su caudal ha sido
aprovechado por el PP, desde luego, aunque ellos se han movilizado
por causas dignas, por honestidad, por hartazgo ante la ignominia.
Pero otros muchos millones
miran para otro lado, mientras sus compatriotas se angustian ante lo
evitable. Esa degradación moral, la que representa la indiferencia
ante el destino del prójimo e incluso ante el colectivo, que
acontecía hasta ahora sólo en Vascongadas, se ha expandido por toda
España.
Aceptémoslo: este es un
pueblo envilecido, al que le da lo mismo que el gobierno se siente a
compartir mesa y mantel con ETA, al que le da igual que le engañen,
que le mientan, que le toreen, que lo dividan, que lo enfrenten, que
le adulteren su pasado, que el presidente se ría de él a través de
su canallesca estrategia de “dramatización”. Le da todo igual. Y con
estos bueyes hay que arar.
Ya sabe lo que tiene que
hacer el PSOE para alcanzar la mayoría absoluta en la próxima
convocatoria electoral: hundir dos o tres barrios en Barcelona,
practicar una cincuentena de socavones en el Prat y partir los
cascos de siete u ocho barcos, eso sí, siempre que no lleven escrito
sobre el casco la palabra “Prestige”.
Tras la sonrisa eunucoide
de ZP acecha la bilis de un par de siglos de sectarismo
reconcentrado. Con el nutriente de la anti-España militante no cabe
esperar sino lo peor. La coz y el rodillo. Todo un estilo de hacer
política, dice el presidente. Desde luego que sí.
|