|
El resultado de las
elecciones celebradas el día 20 ha sido cualquier cosa menos
esperanzador.
Causa verdadero bochorno el
ver como más de diez millones y medio de personas son capaces
de votar a un partido, y a un candidato, que pone todo su
acento en la economía, mientras España entera está al borde
del colapso. Recordemos que los años de Rajoy y el PP en la
oposición no se han distinguido precisamente por la batalla
presentada a un PSOE empeñado en su histórica resolución de
liquidar –mediante la corrupción moral y material – la Nación.
No se presentó batalla, ni en la calle ni en el parlamento,
contra las leyes de la Memoria Histórica o del aborto, contra
el Estatuto Catalán, contra la sentencia prevaricadora del
11-M, contra el chivatazo del Faisán, contra los ataques a las
asociaciones de víctimas del terrorismo, contra la negativa de
los políticos nacionalistas catalanes a acatar la sentencia
sobre la lengua, contra la Educación para la Ciudadanía…, y un
largo etcétera. Solo se mencionaba, una y otra vez, con
machacona insistencia que el grave problema de nuestro país es
la economía; y no negamos que esto sea algo cierto, pero lo es
más todavía que la crisis económica viene de la mano de la
crisis de la moral traída por el relativismo progresista
–también de derechas, sí- que hace imposible toda convivencia
civilizada y que instaura la ley del más fuerte, del sálvese
quien pueda. Ante estos hechos, está claro que nuestra
confianza en PP es más bien tirando a nula. Y no olvidemos
tampoco que, al fin y al cabo, la derecha política es una pata
más del banco que sostiene a este Sistema indecente que fija
su único horizonte en lo material.
También por esperado no
deja de ser bochornoso que todavía casi siete millones de
‘personas’ voten al PSOE; un partido indecente de cleptómanos
y cómplices del terrorismo, de negrísima historia ratificada
en el día a día, que tiene en su candidato al ejemplo perfecto
de un hombre que en un país ligeramente democrático,
ligeramente, repetimos –no en éste, que no lo es en absoluto-,
estaría ya en la cárcel desde hace varios años (cesión de la
soberanía nacional a una Europa de las grandes corporaciones,
Gal, corrupción, destrucción de la independencia judicial,
colaboración con banda armada, corrupción de menores,
destrucción de la economía nacional, traición a la Patria…).
Enfangados en la miseria moral, revolcándose en el cieno
intelectual, esas ‘personas’ siguen aferradas al fanatismo
como única forma de entender el mundo. Y con estos
semovientes, así nos va.
Bochornoso es también el
reparto de escaños de los partidos menores, que con una ley
electoral en beneficio exclusivo de los dos grandes
(regeneración moral le llaman a eso, creo), hace que con
330.000 votos los proetarras tengan 7 escaños y UPyD con
1.140.000, sólo 5 escaños y no pueda formar grupo. Después
todos hablarán con los ojillos en blanco de “la democracia que
nos hemos dado”. Patético.
Y para qué seguir.
Cualquier persona con una mediana inteligencia, pero que no
esté obnubilada por el fanatismo partidista, puede seguir
sacando consecuencias de lo que se nos viene encima, eso sí,
todo ello y como siempre, por nuestro bien ¡faltaría más!
Bochornoso, bochornoso y
bochornoso espectáculo. ¿Para esto se hizo una transición?
¿Para esto tanta alharaca y tanto espectáculo? Veremos en qué
quedan las felicitaciones de hoy, y esperemos que no sean,
como se ya se apuntan, las lágrimas de mañana. |