MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

GOLPE A GOLPE
Santiago Alcalá

                                                                    
                                                                                             

"Vamos legalmente hacia la evolución de
la sociedad. Pero si no queréis, haremos
la revolución violentamente”
(Francisco Largo Caballero)

Los recientes acontecimientos que sacuden España no son un extraña fatalidad que haya llovido de no se sabe dónde por algún extraño imprevisto, sino la consecuencia de una trayectoria histórica ininterrumpida. Digo sacuden porque varias decenas de miles de muertos, la ruina económica, el enfrentamiento social como consecuencia de una obstinada polarización política, la tormenta -provocada- que zarandea la jefatura del Estado y un Ejecutivo en trance de asaltar las instituciones para poner fin al período constitucional, representan una innegable sacudida de todo nuestro sistema de convivencia, al que se da por amortizado desde instancias gubernamentales y las terminales mediáticas afines, filiales y derivadas.

A los aficionados a hablar de la necesidad de una catarsis, debería bastarles el penoso espectáculo actual para hacerles repensar su teoría. Porque la crisis sanitaria era una ocasión inmejorable para escenificar la unidad, superar recelos, actuar conjuntamente -pues el virus no discrimina por opiniones e ideologías- reforzar los lazos colectivos y salir reforzados como país y como sociedad. Pero resulta que ha sucedido todo lo contrario, entre otras cosas porque el mal ya estaba hecho, las heridas son demasiado profundas y lacerantes y prácticamente nadie parecer tener mayor interés en compartir absolutamente nada con el adversario. Esas cosas quedan para los voluntarios de Cáritas y otras organizaciones -confesionales o no- solidarias, a las que nunca se agradecerá lo suficiente que evitasen una auténtica hecatombe social durante el tiempo de confinamiento. Curiosamente, gran parte de quienes se alimentaron –entre otras cosas porque aún no han visto ni un euro de los ERTEs o del IMV- en comedores sociales de la Iglesia y no fueron desahuciados de sus viviendas porque Cáritas asumió el pago de sus alquileres, no se privaron de despotricar contra esa misma Iglesia que les rescató del abismo sin preguntarles si eran creyentes o no... mientras no dejan de justificar y aplaudir al mismo Gobierno que destruyó su puesto de trabajo y aún no les ha abonado -ni posiblemente lo haga en el futuro- sus prestaciones. Son los mismos que se indignan porque unos cuantos se manifestaron por ahí con unas banderas mientras no se muestran afectados por algaradas de tipo separatista y homenajes a etarras. Que se quejan -y con razón, conste- de que determinada formación de la derecha dura trata de monopolizar la bandera nacional, mientras ven con complacencia cómo los nacionalistas periféricos se apropian de los símbolos de su comunidad. En Galicia, una determinada formación política, segunda fuerza entre PP y PSOE en el parlamento autonómico, usa la bandera de la comunidad como si fuese suya, añadiéndole una estrella roja, símbolo del totalitarismo sangriento... sin que nadie pestañee, salvo que a alguien se le ocurra usar la enseña nacional con un determinado escudo del pasado reciente. Lo de la bandera gallega esteleira o estrellada, es como si alguien le añadiera la cruz gamada -algún descerebrado lo ha hecho ya- a la española, por ejemplo.

Son los mismos que montan en cólera si la Comunidad de Madrid cierra al tránsito determinados distritos con elevado índice de contagios, mientras aplauden con las orejas que el Gobierno cierre toda las capital y grandes zonas limítrofes, a pesar de las consecuencias económicas. Son los mismos que se desgañitan a favor de la sanidad y la educación públicas como si éstas no existieran, o como si las privadas fueran a sustituirlas. A mí ese rollete de lo público y lo privado, me parece una apolillada polémica de rancio sabor decimonónico, cuando la cuestión real no es que los servicios tengan que ser todos públicos o privados porque sí, sino que todos los ciudadanos tengamos acceso a los mismos. Creo que lo ideal es una interacción entre lo público y lo privado, entre otras cosas porque tanto la enseñanza concertada como el sistema funcionarial de ISFAS, MUFACE, etc., suponen un notable ahorro de recursos económicos al Estado, además de descongestionar los servicios públicos. Pero a esta gente le da igual todo, no son partidarios de lo público por convicción, sino por devoción, las cosas tienen que ser públicas porque sí y punto. Lo mismo le sucede a la gente de la derecha neoliberal, que rinde culto de adoración a lo privado, sólo porque no es público: estatólatras frente a mercadólatras, como si Estado y mercado no fueran necesarios y complementarios.

Y ésta es la triste realidad que vivimos, una población polarizada, abducida e incapaz de ver más allá de las consignas del partido, dispuesta a aplaudir babeando cualquier barbaridad, con tal de que venga firmada por el amado líder de turno. Conozco de primera mano el caso de un camarero que no ha visto un céntimo de su ERTE y que acudió puntualmente a cierto comedor social gestionado por unas religiosas, para llevarse la fiambrera o el tupper a su casa, que no perdió porque Cáritas le pagó el alquiler. Finalizado el confinamiento, su establecimiento de hostelería reabrió sus puertas y volvió a contar con sus servicios: ahora despotrica contra los fachas y los curas, mientras elogia hasta el ridículo al mismo Gobierno que le envió al abismo del cual le recataron esos curas y monjas tan terriblemente malvados. Lo traigo a colación como ejemplo de la calaña del españolito medio. Si a alguien le molesta o le ofende esta afirmación, le recomiendo ajo y agua.

A nadie debería extrañar que un Gobierno presidido por un sujeto de personalidad esquizofrénica afectado por una severa patología narcisista, aupado al poder por comunistas, golpistas, separatistas y abertzales esté haciendo lo que hace. ¿Qué esperaban, un gobernante de acendradas convicciones democráticas, conducta personal ejemplar y gran sentido del Estado? Pedro Sánchez lleva ya casi dos años y medio viviendo a todo lujo a costa del erario público mientras gran parte de la población malvive de ayudas públicas que en gran parte de los casos ni siquiera perciben. Pero eso no impide que una considerable cantidad de españolitos le hagan la ola, como otros se la hacían a su antecesor en el cargo a sabiendas de que era un completo impresentable. Resulta patético escuchar que los propios socialistas son quienes deberían librarse de él, como si no hubiese llegado a la secretaría general de su partido aupado por las bases partidarias, los mismos que le gritaban en Ferraz la noche electoral aquello de “¡Con Rivera no, con Rivera no!”. Preferían a los golpistas, separatistas, abertzales y comunistas antes que a una descafeinada formación de centro.

Después Sánchez pactó con unos y con otros, con los herederos del brazo político de ETA y con el partido del tal Rivera que le gritaban que con ese no, e hiciese lo que hiciese, media España le hace la ola. Y no son extraterrestres, ni seres de otro mundo, sino nuestros vecinos, compañeros de trabajo, familiares... lo digo para que seamos conscientes del país en que vivimos y de la naturaleza de quienes nos rodean.

Allá por los años 30 del siglo XX, se vivió un agrio enfrentamiento entre los denominados radicales y los moderados -que no lo eran tanto dentro del PSOE. Entre los primeros, Largo Caballero y la UGT, y entre los segundos, Indalecio Prieto, Julián Besteiro, y una parte de las Juventudes Socialistas. Esa desavenencia se escenificó con motivo de la elección de Manuel Azaña como presidente de la República en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro, en Madrid. Cuando Luis Araquistain, director de “Claridad” y Julián Zugazagoitia, director de “El Socialista”, se liaron a tortas entre ellos.

Dos años antes, se había impuesto la línea bolchevique encabezada por Largo Caballero, precisamente porque contaba con las bases. Con motivo del acceso de tres ministros de la CEDA de Gil Robles al Gobierno, los socialistas se levantaron en armas contra el Gobierno de la República, en connivencia con el levantamiento separatista de la Generalidad de Cataluña presidida por Luis Companys. Terminar con aquello -fue en octubre de 1934- costó sangre y destrucción. Aún así, las bases llevaron en volandas -con no poca violencia y enormes irregularidades electorales- en febrero de 1936 a esa izquierda violenta y golpista al Gobierno, con el objeto de imponer desde el poder el programa revolucionario abortado en 1934.

Porque siempre que se pronuncian las bases socialistas, es con una aversión atávica a determinadas cosas. Yo creo que el socialismo les importa un comino, lo único que les mueve es el odio a una serie de valores y no cejarán en llegar hasta donde sea necesario con tal de acabar con ellos. No se mueven por convicción, sino por devoción, no les motiva el raciocinio, sino los sentimientos, no actúan por raciocinio, sino por estímulos sensitivos, al más puro estilo animal. Hace unos meses, con motivo del aritméticamente innecesario pacto con EH-Bildu, lo definió con acierto el periodista Santiago González, según el cual la filosofía política de Pedro Sánchez se resume en: “No os hacéis idea de lo que somos capaces de hacer para salirnos con la nuestra. Y sí, pactar con los herederos de ETA es una de ellas”. Pues nada diferente a lo que han hecho hasta ahora, a lo largo de una triste y lamentable historia forjada -con el fervor de los palmeros- golpe a golpe.

                                                                                                                                

                                                                                                                                
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