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LAS LIMITACIONES DEL ESTADO LIBERAL
Iván García Vázquez

                                                                                                                          
                                                                                                                            

El estado liberal en el que nos encontramos en la actualidad en España arrastra una serie de contradicciones internas que permite comprobar las limitaciones de un modelo de Estado, el liberal, que se deja continuamente en entredicho a sí mismo.

El Estado Liberal como Estado de Derecho 

El Estado de Derecho se encuadra en el marco del Estado liberal, caracterizándose por dos planteamientos fundamentales: el Mandato de la ley o primacía del principio de legalidad, entendido como expresión de la soberanía popular recogida en el Parlamento, y por los planteamientos del iusnaturalismo racionalista de origen protestante que proponen el alejamiento del Derecho de las cuestiones éticas y morales; al mismo tiempo que establecen la vinculación entre el Estado y el Derecho.

En la España actual el mandato de la ley. La prevalencia del mandato de la ley supone una injusticia, pues la ley no siempre es justa. En el caso de leyes injustas se producen situaciones de desequilibrio, de las que tenemos claros ejemplos en las condenas a terroristas: cumple más prisión aquel que asesina a un conciudadano que un terrorista que ha matado a veinte personas: dos décadas de condena. Los etarras Josu Ternera y Troitiño nos han demostrado en los últimos años, lo barato que sale asesinar en España: un año por asesinato, menos que una condena por alcoholemia al volante.

Por otro lado, el iusnaturalismo propone el alejamiento de la ley de cuestiones éticas y morales, pero en la España de nuestros días ello no es óbice para que se legisle contra la libertad religiosa de los católicos o prevalezcan falsas formas de organización social por encima del modelo tradicional de familia.

La falsa separación de poderes

Uno de los axiomas del liberalismo es la separación de poderes como garantía de la equidad y de la imparcialidad. El poder ejecutivo (el Gobierno), el poder legislativo (el Parlamento) y el poder judicial. Según este planteamiento cada uno de los poderes sería estanco, actuando con independencia de todos los demás. Pero la realidad que existe en España es diferente, y muestra de qué manera el sistema incumple este planteamiento, que de origen es falso y perverso.

En este país, los partidos políticos forman el parlamento, del cual es parte principal el Gobierno, para cuya estabilidad se somete a diferentes alianzas en el hemiciclo. Además, nombran a los jueces de los más altos tribunales, así como del Consejo General del Poder Judicial. El paroxismo llega cuando además, los partidos políticos controlan el cuarto poder, el de la prensa, con medios afines y el quinto, el dinero, nombrando consejeros y responsables de cajas de ahorros que permiten la supervivencia financiera de los partidos mayoritarios con el dinero de todos los ciudadanos.

La imposición de nuevas reglas de juego

Con la consolidación del Estado liberal se cambian las reglas de juego. Las armas son empleadas para su instauración revolucionaria, y para defender su modelo económico. El siglo XX no se caracteriza ya por definir la influencia sobre unos territorios concretos, pues el mundo ya está repartido. De lo que se trata ahora es de extender los tentáculos del poder. Pronto entendieron los países capitalistas que el proceso descolonizador era paso necesario para poder dominar mejor el mundo. En la mayor parte de los casos se pasa de una relación jerárquica de la metrópoli sobre la colonia a un diálogo entre iguales tan sólo en apariencia, pues el nuevo estado independizado depende de la antigua metrópoli en asesoramiento y tecnología, en tanto que para las democracias liberales europeas el beneficio es el mismo, pero sin los riesgos que supone mantener ciudadanos desplazados, ni tampoco la obligación de guardar una igualdad entre súbditos de la metrópoli con la colonia.

Dominio del entorno

En el hombre moderno nace una idolatría nueva, que sustituye a Dios por la noción de progreso. Surge entonces la absolutización de la técnica, y una falsa sensación de que el hombre puede dominar tanto su entono como así mismo. Estos efectos aún hoy en día están en su punto más alto, y se evidencia en el sufrimiento humano sus excesos (accidentes nucleares, hambrunas, aborto…).

Fetichización de la Democracia

Esta creencia de dominio sobre las cosas, los espacios y los seres se convierte en un erróneo modelo llevado al plano político al fetichizar la democracia. No se trata de una simple idealización de un método que pudiera ser en mayor o menor medida acertado. Está claro que las grandes estructuras estatales deben organizarse democráticamente en cualquiera de sus formas, lo que no implica necesariamente una partitocracia. El problema de las democracias occidentales de este tipo es que desde su concepción se convierten en métodos de legitimación de verdaderas entidades aristocráticas. La estructura de los partidos políticos se encarga de facilitar el ascenso social de aquellos que aceptan la norma interna y las condiciones de juego. Quien denuncia esta situación injusta queda marginado y es sometido públicamente al ostracismo social, a la mofa y al escarnio. Queda inculpado del gran mal, de no ser demócrata a su uso, cuando en la realidad seguramente esté dando una gran lección de democracia a todos aquellos imbéciles embebidos de poder que le acusan sin sentido.

Se convierte así la democracia en una sensual etiqueta que seduce y fanatiza a todos aquellos a los que agasaja y colma de placeres, que guardan celosamente la llave de su estatus a través de leyes que tan sólo buscan su blindaje.

La Dictadura de las minorías y la coacción como defensa

El sistema liberal, al dotar al hombre de prevalencia sobre la razón, permite la dictadura de las minorías. Cualquier opinión está por encima de la razón, de manera que el propio Estado garantiza su predicamento. Es más, en un sentido autodestructivo, la dictadura de las minorías puede cuajar (de hecho así ocurre en España), bajo la forma de entidades políticas que buscan la destrucción del Estado (separatistas), pero no permite en cambio aquellas que cuestionan al sistema (tercera vía, anarquistas, nacionalsindicalistas…etc.), contra los que lanzará todo el peso coercitivo del Estado.

La avidez del Estado

El Estado liberal es ávido y egoísta. Y para botón un ejemplo. El país del libre mercado, del capitalismo agresivo, del sueño americano… además fue en 2009 el primero en ser intervenido por el Estado para proteger sus intereses. La cuna del no intervencionismo, los que sostenían que el mercado se regulaba a sí mismo, son ahora los adalides del proteccionismo.

Un modelo transitorio

El Estado liberal es un modelo transitorio vinculado irremediablmente al sistema económico capitalista. La diferencia es que el sistema capitalista tiene un gran poder de adaptación, y las democracias occidentales son una expresión caduca cuya aparición responde normalmente a grandes periodos catastróficos en los que se hayan inmersos otras potencias: la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Corea, las guerras africanas tras la descolonización, la guerra de Vietnam, Irak, Afganistán… En la Historia universal es un modo de organización estatal propio de los siglos XIX y XX, dejando en el aire la incógnita de hasta cuando padeceremos las personas un sistema en el cual no nos sentimos, porque no lo somos, libres.

                                                                                                                         
                                                                                                                          

                                                                                                                         
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