MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

DEMOCRACIA EN ESPAÑA
José Antonio Cavanillas

                                                               
                                                                                                                          

España no es una democracia. Es formalmente una monarquía constitucional con bases jurídico-políticas supuestamente democráticas. Pero los valores y comportamientos democráticos están muy lejos de predominar en nuestra sociedad. Más de 40 años después de la aprobación de la Constitución, avanzo la hipótesis de que los españoles que tanto alardean de ello, no son demócratas.
Es más: más bien son amantes latentes del pensamiento y el poder autoritarios aunque hoy, por miedo a parecer lo que realmente se es, tales sentimientos y pensamientos queden ocultos.
La urgencia de comprender lo que pasa es vital como letal es ignorar qué es lo que sucede si queremos encaminarnos de una vez hacia la democracia. No ordeno. Escribo a borbotones. No jerarquizo, pero expongo algunos elementos:
La preferencia por la mentira pública y es de suponer que privada, es manifiesta. Desde el deporte al Parlamento; desde la vida familiar a la vida empresarial, la mentira le ha ganado la partida a la verdad.
El futbolista que se tira engañosamente al suelo es aplaudido por quienes deberían pedir la repetición de la jugada para sancionar la trola. Los tongos, los fraudes, las calumnias son tremendas: se sataniza de una manera absolutamente brutal, a quienes no comulgamos con los postulados impuestos por la tiranía relativista, la des-memoria histórica, la ideología de género y demás banderines de enganche que el sistema liberal-capitalista utiliza para el aborregamiento doctrinario de la población española, a la que ha ido transformando paulatinamente, en un vulgar rebaño de cabestros, incapaz de cualquier capacidad de análisis medianamente crítico. Tal es así, que el borrego de hoy en día se limita en sus discusiones tertulianas de taberna, a repetir de manera machacona, toda la suerte de majaderías que escucha en esas fábricas de ceporros, que son los programas televisivos de hediondez de masas, como las tertulias de la SEXTA, de 13TV… O “Gran Hermano”, “Sálvame Diario”, etc. 
Dentro de estas premisas, resulta por tanto, comprensible como ejemplo palmario y lacerante, las patrañas publicitarias, panfleteras con que se trata al Nacional-Sindicalismo a quien implícitamente unas veces y abiertamente otras, se acusa, juzga y condena por todos los males reales o inventados, acaecidos antes de la guerra civil y durante el franquismo, cuando la verdad sin componendas, es que durante la II República sus siglas ─FE─ eran explicadas no como “Falange Española”, sino como “Funeraria Española” por el grave peligro que los falangistas corrían de ser asesinados por la tan democrática izquierda. Cuando durante la guerra civil los falangistas no estaban en retaguardia “cazando rojos”, sino que estaban cubriendo los 2000 Km., de frente, luchando y ganando esa infame guerra para que durante el franquismo, fuera la derechona de los aristócratas, rancia, clasista, caduca, sectaria, crápula y ociosa, opusdeísta y clericalona, la derechona de los gangsteriles delincuentes habituales de la que procede esa vergüenza para España que fue Manuel Fraga Iribarne o es Esperanza Aguirre o "Charlotín" Aznar, la que sacara rédito, consiguiendo con el Almirante Carrero Blanco que los falangistas dieran con sus huesos en la cárcel…
El imbécil, el sandío, el gilipollas de hoy en día, no sólo saca carreras universitarias sin saber leer ni escribir. Es que encima, no sabe ni siquiera que la cabeza está para algo más, que separar las orejas. Está para pensar. Y pensar es algo absolutamente esencial para poder construir la democracia.
Porque en una democracia, la verdad, tanto científica estadística como política, es fundamental para que el voto ciudadano sea racional. De no ser racional, podríamos acabar votando a Gundisalvo a Ciccciolina. De hecho ya lo estamos haciendo, con crápulas que no han dado un palo al agua en su vida, que parasitan a los españoles a través de las estructuras de sus respectivos partidos políticos ─”la mujer biónica” Leire Pajín, “la miembra” Bibiana Aído de las que nunca más se supo… O cualquiera de los pijo-mierdas que abundan en la derechona o en los diferentes partidos regionalistas y nazi-onalistas─.
El desprecio absoluto por la presunción de inocencia de los demás ciudadanos y la afición al dedo conminatorio y acusador es digno de estudio entre nosotros. Entre algún indicio, incluso secundario, acerca del comportamiento de una persona y el exabrupto condenatorio, no transcurren ni siquiera unos segundos. Tenemos una visión pesimista de la naturaleza humana. Si alguien parece malo, es que lo es y mucho más malo de lo que parece.
Preferencia por el enchufismo y la suerte antes que por el normal desarrollo del trabajo profesional, competente y honrado.
Los partidos políticos al uso, tienen mucho que ver con esto. Pero el sentimiento de que "los míos" tienen que protegerme en sentido mafioso y cavernario, tiene preferencia por el respeto a las opciones de los demás a ocupar los puestos según mérito y capacidad.
Nuestra indiferencia ante las reglas, eje básico del funcionamiento de la democracia, reglas iguales para todos, leyes iguales para todos y oportunidades iguales para todos, lleva a muchos a aplaudir a quien se cuela en el autobús sin pagar, en la cola del cine o en una zona de rebajas.
El que quebranta las reglas es el "listo" y el "valiente". A los demás, lejos de sentirse heridos y mancillados por tales comportamientos, parece darles envidia la caradura o el valor de estos desalmados del comportamiento civil honesto.
¿No son tenidos por ejemplo de bonhomía personajes como Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Plácido Domingo, Fernando Alonso, cuando presumiendo tanto de españoles, tienen sus domicilios en paraísos fiscales sustrayéndose por tanto, de pagar los impuestos que hemos de soportar franciscanamente el resto de los españoles?
Incluso abundan españoles que consideran que se ha hecho justicia con la tal Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, al ser absuelta por ignorancia total, de los chanchullos de su marido. Y lo curioso es que nadie en su sano juicio, se lo cree. Pero la consigna cafre y servil dada por los gurús de turno, cual guía de comportamiento para lerdos, es que hay que defender a ultranza el que la hija del anterior Jefe del Estado a título constitucional de “rey”, está en la inopia…
La irresponsabilidad es la natural consecuencia de quienes no creen en la cosa civil democrática. Aquí no dimite nadie porque nadie se cree en el deber de dar explicaciones; de aportar razones de conductas dudosas, de enseñar las cuentas cuando son confusas o de dar la cara cuando se han hecho las cosas mal.
Es sencillo. Se pierden unos milloncejos en Caja Castilla la Mancha, unas subvenciones en Andalucía, tales otras cosas en Valencia o como ha saltado a los medios de comunicación estos días, en la gestión de las empresas encargadas del Canal Isabel II de Madrid… Pero nadie se sienta ante unos micrófonos y explica en profundidad qué ha pasado y desde luego, nada de enumerar los altos cargos que van a dimitir.
Todos recordamos cómo fue salvado de la posibilidad de acabar en la cárcel, ese ínclito personaje que presidió la Generalidad de Cataluña ─Jordi Pujol, el sapo baboso─, por la estafa de Banca Catalana o cómo ocurrió lo mismo con el que fuera Lehendakari del Gobierno Autónomo Vasco, Carlos Garaicoechea por el caso de las “tragaperras” o la destrucción sistemática de arqueología romana en un ridículo intento por demostrar que Roma nunca llegó a invadir la “arcadia” de ese oligofrénico cavernícola, que fuera Sabino Arana: Euzkadi.
La denigración moral del adversario nos retrotrae a los ingratos rincones del alma personal y colectiva. El que tiene una idea diferente de lo que determina el mandarinazgo de lo políticamente correcto, no sólo no debe tener jamás la oportunidad de demostrar que tal idea es mejor en la práctica que las existentes en boga, sino que es constitutivamente un malvado. El adversario es el malo, ergo los propios son los buenos. Aunque bien se sepa que no es así. Y aquí enlazamos con lo que Erich Fromm denominaba “el miedo a la libertad”. Se sabe que lo que hay está emponzoñado en la corrupción y que han convertido a España en el “patio de Monipodio” al estilo del mismo que describe Manuel de Cervantes en su Rinconete y Cortadillo. Pero se tiene miedo a votar Nacional-Sindicalismo a pesar de que fue éste quien ha buceado en la historia, la historia de verdad, sabe que fue quien recuperó España y la sacó del atraso secular en que las diferentes familias masónicas enfrentadas entre ellas, la habían sumido desde los tiempos del Conde de Aranda hasta 1936 y la llevó a ser la novena potencia mundial… Hoy somos la treinta y tantos…
Maniqueísmo incompatible con la pluralidad necesaria en una democracia y el necesario sometimiento al veredicto de las urnas y de los hechos en la mencionada igualdad de condiciones. Por eso, los falangistas ─por ejemplo─ somos señalados peyorativamente, como fascistas o nostálgicos, aunque esté claro que nuestra doctrina es ampliamente más avanzada que las diferentes corrientes “progresistas”, que proceden de las trápalas del siglo XVIII o más integradora y práctica que las doctrinas “conservadoras” y “liberales” que son hijas putativas de uno de los mayores y más horrendos crímenes de la humanidad: la esclavitud del hombre por el hombre.
En realidad, mucho de lo ya dicho se resume en la falta de respeto a la persona, al individuo social que somos.
Nadie nace solo como Gila sino que nace de otra persona. Pero la democracia exige personas libres y críticas; libertad y crítica que no se soportan en nuestra España de hoy.
Dentro de los partidos o sindicatos, por poner un ejemplo, las personas críticas y libres no tienen ningún futuro.
Es más: cuanto más libres y más críticas, menos futuro…. Hasta que te hacen la permanencia imposible o simplemente, te echan.
Un caso como el de Eddington, inglés, defendiendo la derrota de Newton ante la teoría de Einstein, en plena guerra europea, es impensable en España, salvo excepciones muy exclusivas. Lo crítico, lo libre es visto entre nosotros, partidos, organizaciones e incluso dentro de la familia, los colegios, las iglesias, como algo enfermizo y morboso, signo de extremismo.
No sabría decir cuántas y cuántas veces, me han acusado sin ni siquiera escucharme, de ser un radical porque me paso lo “políticamente correcto” por la entrepierna. Incluso me dicen: “chsssss. Cállate, que alguien te pude oír…”.
El derecho de las personas, sean quienes sean, piensen como piensen, no importa.
Finalmente, nuestro amor por la invención, por la ciencia, por la empresa, por el riesgo que conlleva pero a la vez por las satisfacciones que da es nulo. Aquí, y dada la inseguridad generada por unos políticos profesionales que solo se ocupan de sus propios intereses, se ha educado a los españoles para trabajar como un funcionario de ocho a tres, con un empleo seguro aunque mal pagado, en la creencia de que desde las tres de la tarde hasta por la noche podemos ser dueños de lo que nos queda de vida. O peor aún: a vivir del subsidio, del PER, sin necesidad de trabajar.
Hace pocas semanas, ante la amenaza británica con declararnos la guerra un amigo me comentaba algo que es claro síntoma:
“Los británicos ni tienen ni han tenido jamás un ejército capaz de derrotar a España. Pero en caso de guerra, nos ganarían. Nos ganarían porque Inglaterra es una nación que fabrica aviones, automóviles; que impulsa las ideas innovadoras, mejores o peores. Mientras que España desde el siglo XVI, no ha hecho nada. Y por absurdo complejo de casta aristocrática, los únicos a los que se les permite tener ideas e innovar, es a los nobles; a los de veinte apellidos… Y así nos luce el pelo: el más retrasado de todos, Capitán General: el cazador de elefantes.”
El hedonismo barato ha hecho presa en nosotros, especialmente en la juventud, de modo que todo afán, toda búsqueda de la excelencia, de la grandeza y del gran servicio a la familia, a la sociedad y a la Patria ─ya, ni siquiera saben cuál es su Patria─ ya no tiene sentido. Buenos magacines de TV con la cochambre espiritual del día, buenas poltronas y buenas copas. Lo demás, es absurdo.
Tal vez sea mejor así. Pero esto no tiene pinta de contribuir al desarrollo de la democracia.
Los demócratas somos una minoría en España. Los aprendices de dictadores, los soberbios autoritarios y los dogmáticos de todas las gamas, desde la religión al gusto musical, tienen en España un extraordinario laboratorio donde probar sus nuevas pócimas.
¡Qué suerte…!
¿O no?
Yo creo que no. Por eso y como decía José Antonio Primo de Rivera, “amamos a España porque no nos gusta”. Y queremos que sea la Nación fuerte y libre, que amplió con arrojo e iniciativa, los caminos de la tierra.

                                                                              

                                                                                                                          
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