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Yo tengo una amiga para
por las noches a salvo la de los sábados que son cosa suya porque de
algo hay que vivir, pero la tía me ha metido en un conflicto que
confieso me tiene algo preocupado y muy nervioso, no tanto desde
luego como el de un aspirante a sillón de ministerio en vísperas de
elecciones, o a pique de abandonarlo por culpa de unos papelillos,
esos que los alfabetos echan en las urnas sin saber un pito de la
existencia del fulano, de sus aprehensiones y necesidades. No
suelen ser pocas las de esos tipos; es seguro que no se parecen a
las mías y no sé por qué se ponen tan nerviosos si es que, como nos
dicen los periódicos, son tíos listos que pueden ganarse la pasta
trabajando en serio.
Metido en harina con la
tía esa que dije, si yo fuese más joven igual la cogía por el
pescuezo y le hacía tragarse dos litros de vitriolo que se lo
merece. Es más puta que un periodista mercenario y más falsa que el
índice de precios al consumo, y no exagero. Por mi gusto, después de
lo del vitriolo me sentaría a esperar tan tranquilo el resultado de
mi violencia de género porque, una vez cadrave y acostumbrado yo a
la vida nocherniega, me gustaría abrir un hoyo en una urbanización
ilegal de esas que abundan en las afueras y, una vez bien escarbado
el agujero, tiraría dentro a la tía aunque estuviera medio muerta,
amen de un par de sacos de cal viva tal cual aquellos etarras que
aparecieron en aquellos hermosos tiempos de democracia
especulosocialera del célebre señor X, los asesinatos del Gal, el
señor Roldan, los fondos reservados y todas aquellas benditas
ceremonias.
Pero ya no tengo fuerzas
para tanto trabajo y, además, todavía no hemos llegado al esplendor
del orden público que había cuando la guerra, en el Madrid del Sr.
Carrillo, pero todo se andará pues cada vez con más frecuencia
aparecen en la urbe difuntos y difuntas a mano armada, tantos que va
a ser conveniente instruir a los periódicos para que digan que son
daños colaterales propios del éxito de las nuevas leyes, de la
transicionería y de las ventajas del liberalismo parlamentario
democrático social, central y periférico.
En mi caso, mejor dicho,
en el caso de mi fulana, la cosa no sería tan colateral pues,
además, supongo que no será fácil que la individua absorba el
vitriolo porque nunca va de botellón y no está acostumbrada a esas
bebidas generosas; bueno, generosas por sus benéficos efectos y
desde mi punto de vista que ya sé que no es el de los lectores.
Comprendo que ustedes piensen distinto pero es que no conocen a mi
individua, y yo les comprendo a ustedes bastante bien aunque
vivan felices en democracia gracias a Dios, que no todo el mundo
puede decir lo mismo pues conozco algunos cofrades, asiduos a la
misma taberna que yo, que no tienen ni un duro desde el día nueve
del mes y, si fuese por ellos, en menos que canta un gallo se iba a
hacer puñetas esta Democracia, que hay otras; los artistas
subvencionados, que hay otros, y, como decía furioso un tartaja,
los ...., los...., mis, .., mis, miste, miste... Misterios de
Cultura, que por fin arrancó el hombre con lo que quería insultar.
Debo advertirles que no crean ustedes que los que gritan esas
cosas tan feas son de derechas no, que yo sé perfectamente de qué
pie cojean aunque alguno equivoque la ideología que tienen al oír a
quienes insultan y en la madre de quien se cagan.
Los insultadores son
rojillos casi todos y desde luego sus razones tienen para
despotricar. Además, en estos tiempos de diálogo tunante hay que
escuchar a todos los ciudadanos con resignación se diga lo que se
diga, que también nosotros, los desahuciados del euro más pacíficos,
escuchamos a los políticos cuando no hay furbol ni ponen películas
verdes en la Tele y vemos como salen ellos de dos en dos o de uno
en uno, que no se sabe que cosa es peor.
En cuanto a mí y al
poblema de mi camastro, obligado por mi falta de energías a desechar
lo del vitriolo, el hoyo y la cal viva, me se ocurrió hablarle a
un abogado muy astuto que conozco y contarle lo que me pasaba,
porque la tía me ha dicho que se quiere casar con otra tía para
entre lunes a viernes y tengo que largarme de su casa, y mira tu
donde voy a pasar las noches porque, desde que desbarataron el
sindicato falangista, ya se puede desahuciar a los parados por muy
parados que estén, que en aquellos tiempos no era así aunque no
pagaras al propietario.
Lo que yo no esperaba es
que el abogado asegurase que mi lío era más grande que el que se ha
armado en España por culpa de unos financieros muy gordos y de no sé
que otra pasta más gorda todavía que se ha desvanecido en la
estratosfera. Yo no los conozco y dice el periódico que salen libres
de polvo y paja porque trincaron los chinorri hace mucho tiempo, y
me ha dicho el abogado que hay un follón terrible entre los jueces
del Supremo, los del Constitucional y el fiscal del Gobierno, que
están todos ellos peleados y señalándose con el dedo, que no sé
–decía el abogado- como acabará una cosa tan entrometida, tan
comprometida y de tanta cuerda, y a ver quien arregla ese
empecinado “que sí-que no” de unos y de otros, que los abogados
–dijo con pesadumbre- estamos acojonados y nos sentimos más perdidos
que las respuestas que dan las oficinas periféricas a una instancia
en dialecto castellano.
Mi abogado no quiso
hablarme más de ese laberinto judicial. Se veía que le acogotaba;
incluso me indicó que me marchara pronto de la consulta porque, tal
cual veía el poblema de los tribunales enriscados, estaba pensando
hacer un cursillo de fontanero y dejar la abogacía pero yo, que voy
a lo mío porque no me cobra, le advertí que lo pensase bien porque
como fontanero tampoco tendría ningún porvenir mientras los
políticos no se pusieran de acuerdo en lo del agua, los trasvases
del Ebro y la sobretasa; que me habían contado algo sobre el
proyecto que tiene una cuotera intelectual del PSoE para cobrar un
impuesto a los que se lavan a diario y beben más de un litro y –por
lo visto- se controlaría la cosa mediante un aparato que han
inventado medidor de lo que meamos, que los censados tendrán que
comprarlo obligatorio o te multan y te quitan el derecho al voto por
no cooperar con el medio ambiente. Por lo menos –le dije al
abogado- eso es lo que he oído yo en un mitin electoral, que lo
decía un tipo que llevaba una banderola de plástico y la sacudía
entusiasmado.
Yo me di cuenta de que el
abogado no me prestaba atención quizá a causa de eso de la batalla
de los jueces, y me parece que tenía la cabeza tan caliente como la
de un atormentado amigo mío que era subalterno en el Instituto
Nacional de Estadística y, como tenía que borrar sus cálculos para
escribir los números que quería el jefe, caminaba por la calle
trastabillado como un zombi y el hombre se metía sin querer en las
montañas de basura que no recogieron los huelguistas y en una de
esas montañas desapareció, que no se sabe, y creemos que se lo
llevó el camión del reciclaje sin darse cuenta cuando los de la
huelga llegaron a un acuerdo con el ayuntamiento.
Lo digo porque no hay
por qué criticar tanto las cosas. Hay que comprender los poblemas de
todo el que gobierna. A los del Instituto les falta mi amigo, el
funcionario desaparecido, y tienen que cerrar las estadísticas de
cualquier manera.
Sea como fuese lo del
pobre hombre, que no tiene remedio porque seguramente le habrán
convertido en abono orgánico, le conté mi rollo al abogado y me
replicó que mi asunto estaba más oscuro que un discurso del Sr.
Presidente del Gobierno, y ahí fue donde yo quise pillarle y darle
algunas buenas ideas (al abogado me refiero; el otro no las recibe)
para no tener que gastarme el dinero en vitriolo y en cal viva
porque, según hoy día –le dije- hay matrimonios de deshecho y de
hecho que no quieren papeles y, sin embargo, quieren tener un
registro para que les den certificados de la cosa; pues también hay
montones de matrimonios monosexi-masculinos y matrimonios monosexi-femeninos
como el que quiere contraer mi individua, pues por eso también
podíamos ir al Juzgado diciendo que lo mío era lo que pudiéramos
llamar “Matrimonio Temporal”, de “Entre Sábados” o “Mañanero”,
“Nocturnistero” o algo así, que ese sería el mío, y que podíamos
poner como ejemplo los contratos temporales de esa clase que abundan
muchísimo ahora en el mundo laboral, que estaban prohibidos cuando
el sindicato falangista y ya no, porque con esta democracia ha
venido los PPSoES liberales a salvar al obrero del capitalismo cruel
y explotador a salvo cuando son bancos hipotecarios, que entonces
no.
Me escuchó atentamente el
abogado; lo pensó un poquete y me dijo que me marchara a la calle y
me las arreglara como pudiese; que él no quería llevar semejante
pleito y, además, que tampoco me convenía. Que me fijara en las
cosas y lo pensara bien porque los trabajadores sometidos a esos
contratos de lunes a viernes, o mañaneros o de horas, están bien
jodidos.
Y mucho. |