MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

CARLOMAGNO
Miguel Argaya

                                                                                                                         
                                                                                                                         

Carlomagno -o Carlos el Grande- fue rey de Francia entre el año 768 y el 800, y emperador desde esa última fecha hasta su muerte el año 814. A su abuelo Carlos Martel deben Francia y Europa el frenazo del avance hasta entonces imparable del Islam (batalla de Poitiers, 732). Podría parecer, por tanto, que como personaje no tiene cabida en esta serie dedicada a los grandes nombres de la Historia de España. Y sin embargo la tiene. Vaya si la tiene.

Si hablamos de Carlomagno hablamos de un protagonista esencial en la España del último cuarto del siglo VIII. A él le debemos, por ejemplo, la creación de la llamada “Marca Hispánica”, una zona fronteriza situada en la ladera meridional de los Pirineos desde la que pudieron lanzarse los primeros impulsos reconquistadores sobre el Ebro. También le debemos el apoyo que brindó al entonces naciente reino asturiano, que permitió la consolidación de este en momentos muy difíciles.

La marca Hispánica
En el reino franco recibía el nombre de “marca” todo territorio fronterizo con pueblos potencialmente enemigos. Así, había una marca occidental frente a los bretones, dos orientales frente a sajones y avaros, y tres al sur contra magiares, lombardos y musulmanes andalusíes. Esta última es la llamada “Marca Hispánica”, que en su momento de esplendor llega a abarcar toda la vertiente meridional de los Pirineos, aunque la idea original de Carlomagno es aún más ambiciosa: extenderse hasta el Ebro.

La primera campaña de los francos en territorio español tiene lugar el año 777  aprovechando una sublevación anticordobesa de los walíes (o gobernadores) musulmanes de Barcelona, Gerona, Huesca y Zaragoza.

Con un ejército numeroso y bien provisto, Carlomagno cruza los pasos de Cisa y de Ibañeta en el Pirineo navarro y en un rápido avance somete Pamplona, capital cristiana de los vascones, donde deja una pequeña guarnición antes de seguir camino hacia Zaragoza. La llegada a la capital aragonesa se produce a comienzos del verano del 778, y choca con una fuerte resistencia que obliga a Carlomagno a retirarse prudentemente. Pero lo hace con extrema violencia, saqueando y destruyendo cuanto encuentra a su paso. Esto crea gran resentimiento en las poblaciones de la zona, hasta el punto de que, al pasar de nuevo por el puerto de Ibañeta (llamado también de Roncesvalles) las tropas francas son atacadas desde las alturas por montañeses vascones. Es el 15 de agosto de 778. Supone tal descalabro que el hecho queda recogido en el principal cantar de gesta francés: la Chanson de Roland.

La segunda campaña de los francos comienza seis años después, el 785. Acaban de emparentar por matrimonio los BanuCasí de Tudela y los Jiménez de Pamplona y la puerta de entrada a Francia por Irún parece suficientemente cubierta. El momento es propicio. Carlomagno envía un ejército a través de Port Bou, conquista Gerona y convierte el Ter en la primera barrera fronteriza dentro de la Península Ibérica.

El año 792, el walí musulmán de Barcelona se subleva de nuevo contra el Emirato cordobés. Carlomagno ve entonces una nueva oportunidad y envía un fuerte ejército, que en el 801 ocupa la ciudad. Luego se lanza a ocupar los territorios de Cerdaña, Urgell, Besalú, Conflent, Pallars, Ribagorza y Aragón, que constituyen la Marca Hispánica. Más tarde, en 809, conquista Tarragona y Tortosa, trasladando así la frontera sur hasta el Bajo Ebro. Gracias a Carlomagno, esa zona ya no volverá a ser musulmana.

 

Relaciones de Carlomagno con el Reino de Asturias

Otra importante aportación de Carlomagno a la Reconquista cristiana española tiene que ver con el naciente reino de Asturias. A la altura del año 795, el rey asturiano Alfonso II se encuentra extremadamente presionado por el Emirato cordobés. Verano tras verano, no deja de recibir ataques importantes que desbaratan cualquier intento de consolidar el núcleo al sur de la Cordillera Cantábrica. Impotente, en el 797 envía una embajada a la corte carolingia solicitando ayuda. La respuesta es inmediata y a la manera de la época, es decir, en forma de pacto matrimonial: una boda entre el rey asturiano y una princesa franca -probablemente hija del propio Carlomagno- llamada Berta o Bertinalda. El matrimonio se realiza por poderes. Sin embargo, por razones que la Historia desconoce, nunca se consuma, aunque Alfonso, como hombre de honor, lo mantiene con fidelidad hasta su muerte. He ahí la razón de su sobrenombre: “El Casto”.

Lo que sí se materializa es el pacto político. Mientras Carlomagno entretiene a Hixam I en la Marca Hispánica, Alfonso II de Asturias se reorganiza, se fortifica, y hasta se atreve a lanzar alguna que otra campaña al sur del Duero, como la que le lleva a destruir y saquear Lisboa en el 798.

Los contactos entre Asturias y Francia son continuos en los años siguientes: ejemplo de ello es el viaje que realiza al reino asturiano el obispo de Tours con el objetivo de consolidar la separación episcopal del metropolitano de Toledo, pero terminan abruptamente a la muerte de Carlomagno.

                                                                                                                           
                                                                                                                          

                                                                                                                          
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