MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

BREVES REFLEXIONES POLÍTICAS
D. Negro

                                                                                                                           

1.-Estados y Gobiernos que se proclaman democráticos, han devenido magna latrocinia, como decía San Agustín en su tiempo. Mas, en el mundo del positivismo jurídico extremado a lo Kelsen, personaje que domina el pensamiento sobre el Derecho, lo que preocupa a los críticos, es la corrupción ilegal, como si fuese legítima la legal, la corrupción intrínseca –moral, estructural e ideológica- de los sistemas políticos, en los que, como decía Descartes, “la multitud de leyes presta frecuentemente excusas a los vicios”.
El poder político es el poder supremo, pues decide sobre el modo de convivir. Gobiernos y partidos, que se entremeten legalmente en todo –pueden concurrir también los sindicatos y otros poderes indirectos cuando se les considera órganos del Gobierno o del Estado- son la causa eficiente de la corrupción moral, estructural y material establecida y fomentada por las oligarquías para afirmar su dominio sobre la masa del pueblo. 

2.-La Corrupción legal es mucho más grave, mayor y más perniciosa que la ilegal, que puede ser meramente defensiva en muchos casos frente a la legal. Por ejemplo, frente a los intrínsecamente corruptos e intrincados sistemas fiscales legales, que se ingenian para explotar a los gobernados, convertirles en sospechosos permanentes de defraudar al fisco y atemorizarles. Pues, lo que se denominaba hace tiempo, algo eufemísticamente, “terrorismo fiscal”, ha llegado al punto en que el fisco tiene que actuar como una policía paralela a la criminal para poder funcionar. Decía Ana Arendt: “si la legalidad es la esencia del Gobierno no tiránico y la ilegalidad es la esencia de la tiranía, entonces el terror es la esencia de la dominación totalitaria”, que puede ser física, como en la URSS y la Alemania nacionalsocialista, o legal.

3.-El caso de los impuestos es muy ilustrativo de lo extraño de la situación: no existen auténticos movimientos de resistencia. Los que se presentan como antisistema quieren más impuestos, y no parece que vaya a cumplirse la profecía de Nostradamus de que “la gente se negará a pagar impuestos al rey”.
El derecho de resistencia era fundamental en cualquier régimen libre. No sólo los impuestos; hay muchas más cosas que podrían o debieran suscitar la apelación a ese derecho. “El silencio del pueblo, reza un proverbio francés, es un aviso para el rey”. Pero se han olvidado de él las mismas iglesias, entre otras causas, porque, como decía Tocqueville, la democracia “immatérialise le despotismo”. ¿Ha amortiguado la democracia el sentimiento natural del Derecho? ¿Se ha impuesto hasta tal punto l’esprit du bien-être inherente a la democracia según Tocqueville?
Al utilizarse la palabra democracia para todo, no se percibe, o quizá no se quiere percibir por comodidad, incapacidad o temor, el alto grado de corrupción que conlleva la mayoría de la legislación actual, ya que la instrumentalización del Derecho convertido con fines de dominación en política jurídica, igual que en la Unión Soviética, constituye el medio con el que actúan los gobiernos y los partidos “democráticos”.

4.- Que la revolución se legitima a sí misma es una creencia casi popular desde la revolución francesa. Y considerándose justificados y legitimados por la revolución permanente para conseguir la sociedad justa, die wahre Democratie, la verdadera democracia de que hablaba Marx –y siguen hablando los marxistas confesos (que es raro hayan leído algo de Marx y menos aún entendido) y los inconfesos, así como la muchedumbre de los demagogos y arribistas de izquierdas y de derechas-, tanto los gobierno como los partidos y sus afines pueden decir: nihil a me alienum puto, nada me es ajeno, dando lo mismo que se trate de bienes materiales, inmateriales o espirituales. La única restricción consiste en que se haga todo legalmente, como mandaba Rousseau. Lo legal no es sin más lo legítimo, que tiene una connotación moral. La inversión totalitaria –algunos como el norteamericano Wolin describen la situación actual como un “totalitarismo invertido”-, consiste en que lo legal sea lo único legítimo; es legítimo todo lo que es legal si se ajusta al procedimiento establecido por los gobiernos oligárquicos. El positivismo jurídico lleva inexorablemente al totalitarismo –que sería más exacto llamar colectivismo-, para el que “legalidad quiere decir sumisión y disciplina” (1).

  

NOTA
1.- Carl Schmitt, “La revolución legal mundial. Plusvalía política como prima sobre la legalidad jurídica y supralegalidad”. Revista de Estudios Políticos Nº 10 (1979)

                                                                                                                          

                                                                                                                         
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