|
Carecer de propuestas no
es lo mismo que tener unas que sean pésimas. A nadie se le podrá
criticar por falta de ideas acerca de cómo reformar el mundo. Sobre
todo en nuestro país, España, en donde hasta el más gilipoyas (como
dirían en mi pueblo) se cree capaz de marcar un gol que vale un
campeonato del mundo o darle un pase magistral a un toro de Mihura,
que le valga la salida en hombros por la puerta grande de la plaza
de las Ventas y sin embargo, sigue habiendo algo más de 6 millones
de descerebrados que a pesar de la miseria en que nos han sumido,
siguen votando al Partido Socia-listo ¿Obrero? Antiespañol. Dadas
las circunstancias e ironías al margen, muy probablemente nos iría
mejor a todos si tales “reformistas” se prodigaran menos. Pero por
tratarse de una obviedad, sí habrá que censurar a quienes transmitan
ideas contraproducentes para nuestra libertad y bienestar.
Se ha extendido el mito
de que la plataforma “Democracia Real YA” era un grupo heterogéneo
de ciudadanos sin un perfil ideológico claro que salía a la calle a
protestar sin nada específico que ofrecer. No es cierto. Basta con
acudir a su página web para encontrarnos con una serie de propuestas
mucho más concretas que la mayoría de las que integran los programas
electorales de los partidos políticos.
Entonces, ¿por qué se
dice que no proponen nada? Pues, básicamente, por que son un
movimiento de extrema izquierda al que hay que tratar con algodones:
la izquierda más moderada pretende disculparles tachándolos de
ciudadanos bienintencionados pero ingenuos y la derechona rancia y
caduca más maricomplejina prefiere descalificarlos como populacho
sin nada que ofrecer en lugar de entrar a discutir ideas y demostrar
de forma palmaria, su inanidad.
Y es que resulta curioso
cómo un movimiento que clama no ser “mercancía en manos de políticos
y banqueros” hace todo lo posible para convertirse en tal. Será que
el lema de la plataforma, lejos de una repulsa, constituye un
desiderátum; un suspiro por lo que podría ser pero no es. Al fin y
al cabo, ¿qué otra conclusión cabe extraer de una masa que reclama
que los políticos añadan nuevas trabas al trabajo para dificultar
más la contratación; o que propugna que los gobernantes nos suban
todavía más los impuestos para poder disponer discrecionalmente
–léase despilfarrar– de una porción aún mayor de nuestros recursos;
o que defiende algo que en el fondo, no se sabe si es
“estatalización”, “externalización” o es nacionalización de la banca
y que, por tanto, los agujeros que ésta genere a las órdenes de los
políticos y de sus clientes sean cubiertos, siempre y sin excepción,
por unos esclavizados españolitos de “a pié”? Justamente quieren
convertirnos en títeres de unos políticos que se han encumbrado en
clase social y a la que, lejos de recortarle su poder, se le
incrementa de manera exponencial: más recaudación tributaria para
dilapidar a placer y, por si fuera poco, control también
eminentemente político sobre unos bancos que como las cajas de
ahorro, pasarían a estar dirigidos por sus subalternos y no con la
finalidad social que contribuye a la creación de riqueza.
Es cierto que las ideas
de 'Democracia Real YA' no resisten un análisis de más de cinco
segundos, pero no por ello hay que negar su existencia: de hecho, lo
mismo sucede con esta inepta “clase política” y con la mayoría de
los autodenominados “intelectuales”. No ocultemos sus propuestas,
saquémoslas a la luz y expliquemos cuáles son sus consecuencias: más
desempleo, más impuestos, más déficit y más bancos (públicos) a los
que la ambición desmedida de estos pijo-progres o izquierda del
coche oficial y el caviar hace quebrar para que tengamos que
rescatar a base de subidas descomunales de impuestos. Quieren
regenerar la política, pero no para incrementar la exigua esfera de
libertad de los individuos a costa de la reglamentación estatal,
sino para terminar de convertirnos en las mulas de carga de la casta
gobernante.
¡Sorpresa para
incautos!: la nueva izquierda no es otra cosa que la izquierda de
toda la vida.
Y es que a lo largo de
los dos últimos siglos, pero en especial durante el siglo XX, la
democracia se ha ido constituyendo en una figura casi mítica; un
símbolo celestial que es virtuoso siempre y en todo lugar. Una
especie de falsa bandera que permite justificar algunas de las
mayores tropelías y atrocidades que ha cometido el hombre. No en
vano, el comunismo se cobija ahora como en su origen, bajo el
paraguas de la “democracia popular”, las comunas operaron a través
de la “democracia participativa” o “asamblearia”, la Antigua Grecia
–dividida en esclavos y “ciudadanos”– implantó la “democracia
directa”, y la actual régimen “juancarlista” trasnochado de la
correría, la juerga y la parranda a costa del Erario Público, de la
partitocracia que nos gobierna se hace llamar “democracia
representativa”.
En un sentido estricto,
el término democracia, si bien significa “gobierno del pueblo”, tan
sólo se trata de un mero sistema –uno más– para seleccionar y elegir
gobernantes, sólo que a través del voto. Así por ejemplo, en la
democracia griega, cuna de dicho modelo, el derecho a voto se
circunscribía al 10% de la población (los “ciudadanos”). En las
democracias comunistas a las elites que dirigen el “partido único”.
En la democracia liberal del siglo XIX a los contribuyentes
masculinos (sufragio censitario) y en las actuales democracias a los
mayores de edad (sufragio universal).
Así pues, la democracia
se centra en responder a una única pregunta: “¿quién debe
gobernar?”. Dejando en el más absoluto olvido la cuestión crucial
que debería preocupar a todo individuo amante de la libertad: “¿Cómo
se debe gobernar?”.
En los últimos días se
viene sucediendo un intenso marasmo de noticias acerca de si el
movimiento denominado Democracia Real YA está o no monopolizado por
una determinada ideología, pasando por alto los cambios que demandan
los susodichos “indignados”. La lectura de sus propuestas concretas
no deja lugar a dudas: más socialismo, más Estado, más intervención
pública y por tanto, menos libertad individual y colectiva. Es
decir, esta “democracia real” tan sólo nos deparara algo mucho peor
que las peores ensoñaciones totalitarias contra la persona, contra
la Iglesia, contra la familia, etc., que han venido vomitando Mr.
Bean-Zapatero y su cohorte de majaderos (y majaderas) paniaguados.
Que sus miembros orbiten en la izquierda, derecha o el centro
político es lo de menos. Sus ideas y propuestas son un sofisma que
apesta al más decrépito radicalismo marxista y tan sólo generarían
más pobreza y miseria.
Basta con echar una
ojeada a las propuestas de Democracia Real YA para darse cuenta de
que, lejos de ser un legítimo, espontáneo y transversal movimiento
de protesta contra la falta de alternativas y de soluciones que
ofrece esta inoperante e indignante casta política, se trata de un
movimiento muy bien organizado por parte de la izquierda para
apropiarse del justificado malestar social y proponer acciones
políticas aún peores que los problemas que ya padecemos.
Más que a un mayor grado
de democracia, a lo que parecería que aspiran los miembros de
Democracia Real YA es a una adulteración de la misma. No en vano, la
democracia no entiende de adjetivos, sean éstos real, popular o
social. Siempre que se quiere matizar su clarísimo significado
original asociándolo a diversos calificativos, sólo cabe descubrir
un subyacente deseo por socavarla.
No es de extrañar, por
tanto, que partidos como IU o el PSOE hayan querido sacar rédito de
esta protesta ciudadana como por ejemplo, vinculándose a través de
su página web con el manifiesto cargado de incongruencias de la
“plataforma”, como si estos partidos no formaran parte de esa casta
política que es legítimamente percibida por los españoles como el
tercer principal problema de nuestro país, o como si esta plataforma
ciudadana de ultraizquierda no promoviera las ideas que en gran
parte son responsables de la crisis que padecemos. Manifiesto por
otra parte, que a tenor de lo que expone y cómo lo expone, pareciera
más bien obra de los guionistas de ese engendro ramplón que es
“Física y Química”. Hasta el “botones Sacarino” lo hubiera redactado
con más clase y estilo.
La izquierda es experta
en el “agitprop” y en valerse electoralmente de la crispación, como
bien quedó demostrado con los movimientos, también falsamente
espontáneos, del “Nunca Mais”, el “Hay motivo” o el “No a la
Guerra”. Ahora, con casi cinco millones de parados, y ante la nula
iniciativa del principal partido maricomplejín (la derechona de los
delincuentes habituales, que consideran que “la economía lo es
todo”) para liderar el malestar ciudadano, es evidente que esa
izquierda quiere ocupar semejante vacío, aunque ello suponga
convertir una protesta a favor de la democracia en una destinada a
pervertir sus bases y a mejorar las perspectivas electorales del
PSOE. Y si no consiguen esto último, al menos tendrán en sus manos
el instrumento falsariamente aséptico, apolítico y por tanto
investido de un aura de absoluta verdad (democrática, por supuesto),
con el que menoscabar la acción del partido que según todos los
augurios del infame bipartidismo, ocupará la mayoría del Congreso de
los Diputados y formará gobierno: el Partido Popular, como ya ha
barrido en las elecciones municipales y autonómicas celebradas el
día 22 de mayo.
Y en esa labor soterrada
de “agiptrop” han conseguido exportar a otras ciudades de otros
países el hálito de justa clarividencia... ¡Qué extraña casualidad!
¡Cómo me recuerda a lo que hizo la Komitern en 1936, reclutando no
para la democracia, sino para la tiranía estalinista a todos los
ingenuos papanatas, hijos de aquella otra crisis de 1929, en donde y
a través del Partido Comunista, los pobrecillos bobalicones en
nombre de la libertad, la democracia y contra el fascismo que les
había dejado en la miseria con el desplome de la Bolsa de Nueva York,
acaban siendo carne de cañón de la opresión más horrenda que ha
conocido la Humanidad! Y es curioso: el fascismo, por entonces de
Benito Mussolini, no tuvo absolutamente nada que ver con aquello…
¿De verdad quieren una
revolución que rescate a la democracia de quienes la vienen
pervirtiendo?
Pues ahí tenemos el
ejemplo de Islandia en donde de manera absolutamente pacífica y sin
emponzoñar la Puerta del Sol de Madrid o la Plaza Porticada de
Santander, Plaza de Cataluña en Barcelona, etc., los islandeses se
rebelaron contra aquellos políticos que les han conducido a la
crisis, provocando la caída del Primer Ministro y su gabinete y
negándose mediante referéndum, a pagar la deuda que la mala gestión
de unos banqueros crapulosos había desencadenado. Por supuesto,
tanto banqueros como ejecutivos de cualquier rango implicados en el
caso, fueron detenidos. ¿Alguien se imagina que aquí, en España,
puedan llegar a ser arrestados y encarcelados los presidentes de los
bancos más importantes! Como dicen en mi pueblo, “¡ni de coña!”
Sobre todo cuando uno de esos banqueros ha sido “la mano que mece la
cuna” del petulante gobierno del talentoso sonrisitas ZP.
La acaecida en Islandia,
nenes de Democracia Real YA: dimisión del gobierno en bloque,
nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida
sobre las medidas económicas trascendentales, encarcelación de
responsables de la crisis y reescritura de la constitución por los
ciudadanos.
¡Eso sí que sería una
revolución! Lo vuestro, con mejor o peor intención, solo es
guarrería. |