MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio
 

 

T E M A S

BREVES RAFLEXIONES POLÍTICAS
D. Negro

                                                                                                                          
                                                                                                                       

Conforme a la máxima de Ovidio ingenium mala saepe movent (las cosas malas mueven el ingenio) el gran pensamiento político suele aparecer cuando las cosas van francamente mal. Y así ocurrió en Grecia, la cuna de ese modo o forma de pensamiento: la filosofía política nació como una necesidad de la crisis de la Polis, que iniciaba su decadencia, aunque los pensadores griegos la achacaran a la anaciclosis. “Todo lo que nace es digno de perecer”, decía Goethe.
El primer filósofo político fue Platón, aunque, según Alberto Buela, es posible queel primer texto que habla de la distinción propiamente política sea un fragmento del presocrático Alcmeón de Trotona (a mediados del siglo V a.C.). Lo corrobora Heinimann, quien lo cita como el primero en interesarse probablemente por la medicina en relación con el nomos. Tucídides fue también seguramente el primero en mencionar la oligarquía: “El pueblo –decía en su Historia de las guerras del Peloponeso- es la totalidad y la oligarquía sólo una parte”, la relacionada con los pudientes. Platón la fundó en República, obra de mala fama en tiempos no lejanos, precisamente por no entender, entre otras cosas, que la figura del filósofo rey, que une la autoridad y el poder, es precisamente el contrapunto a la oligarquía como una especie de dictador independiente, e incluso según la interpretación de Arendt, de la misma política, limitada por abajo por la labor de la esclavitud y por arriba por la sabiduría de los filósofos.
Las Polis estaban muy enfermas y Platón concibió la política como el arte medicinal, basado en la experiencia de la vida, adecuado para sanar los males que infectaban el alma colectiva de la Polis igual que las pasiones las almas individuales. La causa más grave de la enfermedad de la Polis era la división ente ricos y pobres, entre los oligarcas y el resto de los ciudadanos manejados empero por la demagogia de oligarcas atenienses, los treinta tiranos que sucediron a Pericles y condenaron a muerte a Sócrates por criticarla falsa democracia existente. Por eso suprime Platón la propiedad en perjuicio de los ricos, propone la comunidad de mujeres para evitar la influencia de los afectos y pone un médico al frente de la Ciudad Ideal. Un rey que, como filósofo, palabra que significaba en aquellos tiempos “amigo de la sabiduría”, es decir, imitador del saber propio de los dioses, que conocen intuitivamente la verdad de la realidad, es inmune a las emociones, los sentimientos, los afectos y los intereses, y busca el bien de la Ciudad, el koinón ágathón o bien común de todos los ciudadanos.
Partiendo de estas premisas, tras indagar en El político las posibles formas puras del gobierno de la Polis como formas políticas), reconoce Platón: “es difícil encontrar el rey ideal, el poder del monarca debe sustituirse por la dictadura de la ley” (302 a ss). En Leyes resolvió el problema de la oligarquía eludiéndolo al abordar cómo podría ser una Ciudad terrena buena. Para ello introdujo el Derecho reconociéndole autoridad –un anticipo de la omnipotencia legis de la tradición política occidental- a fin de que los hombres se atengan al “hilo de oro” de la ley, que al orientar la conducta mantiene el equilibrio en la vida colectiva. Inventó correlativamente la forma mixta de gobierno combinando la sabiduría o auctoritas suprema del filósofo-rey (antecedente de los Espejos de príncipes corrientes en el siglo XV), que al ser una garantiza también la unidad de la Polis, con la libertad política o potestas de la democracia de propietarios.
La forma mixta era para los griegos el equivalente a la moderna división de poderes, idea que surgió confusamente en el curso de la guerra civil inglesa (1640-1649), siendo el segundo paso la teoría de la constitución equilibrada.

En todo caso, al ser muy pequeñas las Polis griegas y los politai o ciudadanos una fracción de la población total, la democracia de unos pocos era de hecho una oligarquía frente al resto. Algo así como lo que planteaba Hume en el ensayo citado, poniendo como ejemplo la Cámara de los Comunes inglesa, donde “el peso del poder” coincidía con el “peso de la propiedad”, decían Bentham y Coleridge criticando la coincidencia de la oligarquía política con la plutocracia económica. Este es el rasgo característico de la oligarquía como forma del gobierno: la unión del poder político y el económico; el gobierno de los adinerados, había dejado escrito Aristóteles en su Política (1291b,7-13).
Hoy hay que añadir el poder de los medios de comunicación que permite hablar de la reducción de la democracia a la “democracia mediática”. Cuando Tocqueville y Stuart Mill alertaban contra la tiranía de la opinión pública, sólo existía la prensa escrita, pero gran parte de la población europea era analfabeta, lo que la inmunizaba en cierto modo. Por otra parte, la democracia se circunscribía donde existía la esclavitud a una parte de la población, igual que en las Polis griega. En Estados Unidos, todos eran ciudadanos salvo los esclavos hasta la guerra civil de Secesión. Además, sin perjuicio de las diferencias obvias, Europa coincidía formalmente en los mejores casos con los griegos en la restricción de la ciudadanía plena, es decir, de la libertad colectiva, a unas minorías (no seleccionadas por la phylía, la sangre), mientras existieron sistemas electorales censitarios. Tocqueville advirtió que, al ser muy distintas las condiciones norteamericanas para la democracia política, la europea estaba expuesta a pervertirse. Por otra parte (como se advirtió más arriba), la democracia es en Norteamérica una consecuencia de la República –algo que Montesquieu era incapaz de imaginar en una gran nación-, no al revés como en Europa, donde la promotora de las tendencias republicanas es la democracia.
Francisco Javier Conde meditaba en 1952: “Lo cierto es que uno de los instrumentos más manejables es el hombre mismo. La prensa, la radio, la televisión, la maquinaria de los partidos, las drogas, el ejército, la fábrica, el cine [no existía todavía Internet], son instrumentos con los que el hombre ejerce poder sobre los demás. Es una nueva manera de apoderamiento”, concluía pesimista, que “alcanza a zonas más profundas del hombre, casi se diría que toca al hondón mismo de la persona. No es sólo –explicaba- que los nuevos saberes y técnicas hayan acrecido el poder de dominación, lo han cambiado cualitativamente. A ese cambio cualitativo responde el modo totalmente nuevo como el hombre actual siente en sí mismo el apoderamiento”. Se trata de “un nuevo tipo de obediencia: la obediencia como sumisión”.
Quizá le sobraba razón a Jean Madiran en que “ninguna sociedad sometida al régimen de información moderna puede a la larga sobrevivir”. Con todo, se criticaba entonces más duramente que hoy, en que prevalece “la obediencia como sumisión” pronosticada por Conde, el carácter oligárquico de los gobierno. Solzhenitsin suspiraba por “vivir sin la mentira” y Vaclav Havel por “vivir en la verdad” y la gente les comprendía. Ahora, políticos impostores como Rodríguez Zapatero, aupados al poder por electores infantilizados por la propaganda, pueden afirmas in causar mucha sorpresa, y callada la Iglesia, sin contradicción política o intelectual seria, que no es la verdad la que les hace libres, sino la libertad lo que les hace verdaderos. ¿La libertad política o la libertad del panen et circenses que dan a pastar las oligarquías?

                                                      
                                                                                                                          

                                                                                                                           
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