MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

NUESTRA HISTORIA EN LIBROS

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Historiadores de Indias, VV.AA. (Selección, estudio y notas de Germán Arciniegas)
(Barcelona, Océano-Éxito, 1986)

Otro buen número de testimonios de primera mano referidos a la conquista española del Nuevo Mundo. Se trata de una selección de textos originales recopilados por el historiador y político colombiano Germán Arciniegas (1900-1999). Entre ellos, de Bartolomé de las Casas, Cristóbal Colón, el inca Garcilaso, Bernal Díaz del Castillo… De este último se recogen pasajes sueltos de su Historia de la Nueva España, ya reseñada en estas páginas. Suyo es este párrafo acerca de la victoria sobre los chulultecas en Nueva España. Dice Bernal Díaz: “Y no tardaron dos horas cuando llegaron allí nuestros amigos los tlascaltecas (…) y les hacen grandes daños porque estaban muy mal con los de Cholula. Y desde que aquello vimos, ansí Cortés y los demás capitanes y soldados por mancilla que hubimos de ellos (es decir: “sintiéndonos ofendidos por ello”), detuvimos a los tlascaltecas que no hiciesen más mal (…). Y (Cortés) les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habían cautivado, que bastaban los males que habían hecho. Y puesto que se les hacía de mal devolvellos y decían que de muchos más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella ciudad han rescibido, y que por mandallo Cortés volvieron muchas personas, mas ellos quedaron de esta vez ricos, ansí de oro, y mantas y algodón y sal y esclavos; y además de esto, Cortés los hizo amigos con los de Cholula, que, a lo que yo vi y entendí, jamás quebraron las amistades”.
Otro de los autores compilados es el inca Garcilaso de La Vega, mestizo hijo de un capitán conquistador español y de una nieta del emperador inca Túpac Yupanqui. El testimonio de Garcilaso es especialmente interesante, no solo por su ascendencia sino porque no suele mostrarse condescendiente con los excesos de los conquistadores. Por eso resulta significativo el relato que hace de la derrota de los anilcos en Nueva Granada: Una vez que entran en el pueblo los guachoyas, indios aliados de los españoles, “a ninguna persona de ningún sexo ni edad que en el pueblo hallaron quisieron tomar con vida sino que las mataron todas, y con las más capaces de misericordia como viejas ya en la extrema vejez, y niñas de teta, con estas usaron de la mayor crueldad, porque a las viejas despojándolas esa poca ropa que traían vestida las mataban a flechazos tirándolas más a las partes pudendas que a otras del cuerpo, y a los niños cuanto más pequeños, los tomaban por una pierna y los flechaban en alto y en el aire antes que llegasen al suelo, los flechaban entre cinco o seis, más o menos como acertaban a hallarse (…), las cuales cosas vistas por algunos castellanos que no habían podido los indios encubrirlas tanto como quisieran, dieron luego noticia de ellas al gobernador, el cual se enojó grandemente de que hubiesen hecho agravio a los de Anilco (…) y reprendió al cacique de lo que sus indios habían hecho y para prevenir que no hiciesen más daño mandó echar bando que so pena de la vida nadie fuese osado pegar fuego a las casas ni hacer daño a los indios y porque los guachoyas no ignorasen el bando mandó que los intérpretes lo declarasen en su lengua”.
Podemos acabar, en fin, este repaso al libro, con el testimonio de un fraile, Fray Pedro Aguado, sobre de la conquista de Nueva Granada. En él nos narra el episodio en que un soldado español llamado Juan Gordo roba cuatro mantas a unos indios. Estos acuden al general Jiménez de Quesada y este “lleno de cólera de este negocio (…) procuró inquirir y saber qué soldado fuese aquel; y sabido, hizo a su alguacil que estuviese a punto y que en llegando lo prendiere, lo cual se hizo ansí; y por este pequeño exceso, que aún no se averiguó de ello (es decir: por la simple palabra de los indios), para ejemplar castigo de todos hizo otro día de mañana ahorcar y dar garrote a Juan Gordo”.

Cartas de la conquista de México, de Hernán Cortés
(Madrid, Sarpe, 1985)

Siguiendo con el argumento de nuestra propuesta anterior, aquí tenemos otra obra-fuente, más interesante si cabe que la de Bernal Díaz del Castillo por venir de la pluma del mismo capitán Hernán Cortés. Este libro rompe el tópico del conquistador tosco e iletrado y el de que España envió a América le hez de su sociedad. Se trata de una serie de cartas escritas por Cortés entre el año 1519 y el 1526 y dirigidas -a excepción de la primera- a su rey el emperador Carlos V. El extremeño Hernán Cortés (1485-1547) estudió leyes durante dos años en la Universidad de Salamanca. No llegó a obtener su título, pero esa formación universitaria queda reflejada en la calidad literaria de sus escritos. No era, por tanto, un desgarramantas. Con no mucho más de ochocientos hombres, y aliándose con los pueblos sojuzgados por los aztecas, sometió sucesivamente al emperador Moctezuma y a su sucesor Cuauhtemoc. Fue un soldado compasivo y honorable, como muestran sus textos, del que es una prueba señera el que sigue: “E yo miré desde aquella torre lo que teníamos ganado de la ciudad que sin duda de ocho partes teníamos ganado las siete; e viendo que tanto número de gente de los enemigos no era posible sufrirse en tanta angostura (…) y sobre todo la grandísima hambre que entre ellos había (…) acordé de los dejar de combatir por algún día y movelles algún partido por donde no pereciese tanta multitud de gente; que cierto me ponía en mucha lástima y dolor el daño que en ellos se hacía, y continuamente les hacía acometer con la paz; y ellos decían que en ninguna manera se habían de dar, y que uno solo que quedase había de morir peleando (…); y yo, por no dar mal por mal, disimulaba en no dar combate”.
Honorable fue, desde luego, hasta el final de sus días, aun en medio de la ingratitud del rey, como se ve en su última carta enviada al emperador Carlos desde Tenoxtitlán el 3 de septiembre de 1525: “Yo, aunque vuestra majestad más me mande desfavorecer, no tengo de dejar de servir; que (…) yo me satisfago con hacer lo que debo y con saber que a todo el mundo tengo satisfecho y le son notorios mis servicios y lealtad con que los hago; y no quiero otro mayorazgo para mis hijos sino este”.


La lucha por la justicia en la conquista de América, de Lewis Hanke (1959)
(Madrid, Istmo, 1988)

Lewis Hanke (1905-1993) fue un hispanista norteamericano especializado en la conquista y civilización de América por los españoles. Fue profesor en las universidades de Massachusetts y Columbia. Uno de sus libros más celebrados es este que aquí presentamos, La lucha por la justicia en la conquista de América, donde queda meridianamente claro el esfuerzo de buen número de españoles de los siglos de Oro por impregnar el proceso de dominación del Nuevo Continente de valores y principios humanitarios, evidentemente cristianos. Así lo afirma el autor en el prólogo del volumen: “Este libro se propone demostrar que la conquista de América por los españoles no fue solo una extraordinaria hazaña militar en la que un puñado de conquistadores sometió todo un continente en un plazo sorprendentemente corto de tiempo, sino, a la vez, uno de los mayores intentos que el mundo haya visto de hacer prevalecer la justicia y las normas cristianas en una época brutal y sanguinaria”. Son cerca de seiscientas páginas de datos irrefutables que conviene leer y tener al alcance de la mano en la biblioteca particular junto a los ya reseñados de Juderías, Levene y Powell.


La Mentira histórica desvelada, de Juan Luis Beceiro García (1994)
[Madrid, Ejearte, 1994]

El aparato documental contra la llamada “leyenda negra antiespañola” es tan extenso y minucioso que resulta difícil entender cómo es posible que los españoles del común hayan dejado empañar con tamaña ligereza su prestigio histórico -es decir, su honorabilidad nacional- respecto a su tarea civilizadora en América. Hoy traemos a estas páginas un nuevo ejemplo. Su autor, Juan Luis Beceiro (1936), es un abogado e historiador gallego que ha dedicado parte sustancial de su obra a reivindicar esa tarea civilizadora. La mentira histórica desvelada fue escrita con ocasión del quinto centenario del descubrimiento de América y es, como su nombre indica, un documento decisivo que refuta sin discusión  y con ingente profusión de datos casi todas las acusaciones que se hacen a España acerca de su actitud en América durante los siglos que la administró. El volumen cuenta con cerca de seiscientas cincuenta páginas sin desperdicio, y merece ser leído si se quiere disponer de un argumentario exacto con que romper prejuicios. Especial atención exigen algunos de los apéndices finales, especialmente el que hace referencia a la presencia militar española en el Nuevo Continente.


Árbol de odio, de Philip W. Powell (1972)
[Madrid, Iris de Paz, 1991]

Phillip W. Powell (1913-1987) fue un historiador norteamericano, profesor de la Universidad de California, en Santa Bárbara. En 1971 publicó este libro, Árbol de odio, subtitulado expresivamente en inglés como “La Leyenda Negra y sus consecuencias en las relaciones entre Estados Unidos y el Mundo Hispánico”, libro extremadamente interesante para comprender hasta qué punto está distorsionada y es perversa la imagen que de los españoles ha trazado la Modernidad en el conjunto de las naciones. Especialmente útil resulta para ello la tercera parte de la obra, donde se recogen fragmentos de libros de texto de secundaria que estuvieron activos en Estados Unidos en las décadas de los cincuenta y sesenta. Un ejemplo es el Atlas de Historia Americana de la editorial Hammond (1968), donde se señalan las bases económicas de las colonias europeas en América. De Francia se dice que fueron “pieles, pesca y agricultura”; de Inglaterra “pesca, comercio y mantenimiento agrícola”; y de España “minería, ganadería, esclavitud”. Otro texto usado en grados escolares intermedios, en la guía para el profesor, especifica: “Durante la explicación, ayude a los alumnos a entender que los pueblos que vivían en las tierras gobernadas por Inglaterra tenían más libertad que los colonizadores españoles y disfrutaban de cierta forma de autogobierno aun antes de venir al Nuevo Mundo, cosa que los españoles jamás habían experimentado”. Los ejemplos son muchos y empece traerlos todos aquí. Baste uno más: en un libro de sexto grado, entrecomillada y en letras rojas, se asegura que “la mayoría de los españoles y portugueses vinieron al Nuevo Mundo para enriquecerse. La mayoría de los colonizadores ingleses vinieron para establecer sus hogares y para mejorar de vida”.  Árbol de odio es, en fin, un libro esclarecedor que aporta a los españoles la visión “de fuera”. Harto más esclarecedor si tenemos en cuenta además la polémica pretensión con que el autor ha escrito su obra: “El poderío español fue el blanco de ataques devastadores de sus enemigos, que iniciaron la moda en Occidente de denigrar a España y a todo lo español, montando de tal forma su propaganda, que llegaron a confundirla con las verdades de la Historia. El relato de esta Leyenda Negra, con su deformada visión de una España singularmente depravada, Ha de ofrecer especial interés a los ciudadanos de aquella otra potencia, los Estados Unidos de América, ahora en la cumbre de su poderío”. Lo que hace el autor es utilizar el caso español para avisar a sus compatriotas del daño que podrían causar a los intereses norteamericanos las campañas de propaganda lanzadas desde el entonces muy activo bloque comunista.


La leyenda negra, de Julián Juderías (1914)
[Madrid, Atlas, 2007]

Es mucho lo que España y la Hispanidad en su conjunto le deben a Julián Juderías (1877-1918), historiador, lingüista políglota, articulista feraz y funcionario del Estado en el Instituto de Reformas Sociales y miembro de la Real Academia de la Lengua. A él se debe la denominación “leyenda negra” para referirse al tópico negativo que la Modernidad triunfante lleva volcando sin descanso sobre España desde hace cuatro siglos. Hallazgo brillante, pues permitió poner nombre al síntoma y determinar así el origen de la enfermedad disolutoria que aqueja a nuestra patria. Señala Juderías en el prólogo de 1917 a su libro que “anda por el mundo, vestida con ropajes que se parecen al de la verdad, una leyenda absurda y trágica que procede de reminiscencias de lo pasado y de desdenes de lo presente, en virtud de la cual, querámoslo o no, los españoles tenemos que ser, individual y colectivamente, crueles e intolerantes, amigos de espectáculos bárbaros y enemigos de toda manifestación de cultura y de progreso”. He ahí, en efecto, el centro del problema: el duro maltrato que la España católica lleva siglos soportando por parte de sus dominadores (las grandes potencias modernas, de raíz protestante), ha calado de tal forma en la autoconciencia de los españoles que estos, como afectados por el síndrome de Estocolmo, solo pueden creer en su inferioridad y solo aspiran a parecerse a lo que sus amos esperan de ellos. Pero la batalla aún no ha terminado. Como bien dice Juderías en los últimos párrafos de su libro, “los ensueños y locuras a que aludía el caballero de La Mancha son, en nuestro caso, demasiado bellos para renunciarlos y olvidarlos en aras del industrialismo y de la plutocracia dominantes”.

                                                              

TU  BIBLIOTECA  HISPÁNICA  RECOMENDADA
Conociendo Nuestra Historia

      

-Las Indias no eran colonias, de Ricardo Levene (1951)
(Madrid, España-Calpe, 1973)

-La unidad religiosa y el derrotismo católico, de Rafael Gambra  (1969)
(Buenos Aires, Editorial Nueva Hispanidad, 2006)
 
-La España por venir, de Miguel Argaya
(Madrid, Milenio Azul/Visionnet, 2006; ejemplares disponibles en nuestra página)

-Derrota, agotamiento, decadencia, en la España del siglo XVII, de Vicente Palacio Atard.
(Madrid, Rial, 1966)
  
-La Historia de España, de Marcelino Menénez Pelayo
(Madrid, El Buey Mudo-Ciudadela, 2011)

-España inteligible, de Julián Marías
(Madrid, Alianza Editorial, 2014)

-Una hora de España (entre 1560 y 1570), de Azorín (1924)
(Madrid, Alianza Editorial, 2011)
   
-Lo que el mundo le debe a España, de Luis Suárez
(Barcelona, Editorial Planteta, 2012)
 
-Hispanoamérica del dolor, de Jaime Eyzaguirre (1969)
(Edición más reciente: Hispanoamérica del dolor y otros estudios. Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional (Ediciones de Cultura Hispánica), 1979)
  
-Defensa de la Hispanidad, de Ramiro de Maeztu (1934)
(Edición actual en Editorial Homo Legens, 2011)
  
-Idea de la Hispanidad, de Manuel García Morente (1943)
(Edición actual en Editorial Homo Legens, 2008)

 


 
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LA ESPAÑA POR VENIR
de
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